(2019)

Rafael Rey Rey

El ministro de Educación, Daniel Alfaro, volvió al ataque contra los derechos de los padres de familia. Esta vez repitiendo que “el objetivo del enfoque de género en el currículo escolar, es combatir la violencia contra la mujer y ayudar a eliminar estereotipos negativos que la sociedad les da al hombre y a la mujer”.

Declaró que “como sociedad le decimos a las niñas que una serie de opiniones que les quitan igualdad de derechos frente a los hombres (sic). A ellos les decimos que no pueden llorar, que no pueden ser sensibles y los obligamos a que, cuando una mujer los rechace, sientan tanta frustración que decidan arremeter contra ella”.

No mienta señor Alfaro. No engañe. Solo los ideologizados como usted o acomplejados y deformados profesores o burócratas a los que, en todo caso, usted tiene el deber de capacitar adecuadamente, actúan así. Es todo lo contrario. Para educar sobre la igualdad de derechos, deberes y oportunidades para ambos sexos, no se necesitan las barbaridades de la ideología o enfoque de género que deforman la realidad y los valores familiares. Basta educar con sentido común y valores morales. Justamente el sentido común y los valores morales y familiares que el enfoque de género quiere eliminar: la unidad familiar, la normalidad de un hogar constituido por madre y padre, las diferencias psicológicas, afectivas y físicas entre las mujeres y los varones, la complementariedad entre la feminidad y la masculinidad, el sentido trascendente de la procreación, la responsabilidad unida a la sexualidad, etc.

El ministro además ha tenido el descaro de afirmar que le preocupa la selección de los jueces que intervienen en el proceso judicial que Padres en Acción tiene con el Ministerio. Que los jueces deben tener presente que el ministerio tiene el derecho de decidir sobre los contenidos educativos y que espera celeridad en la decisión.

Es inaceptable que el ministro crea que él, el estado, los burócratas o los profesores tienen más atribuciones que los propios padres en la educación de los niños. Esa mentalidad es un atentado contra el derecho natural y constitucional de los padres de familia y un peligro para la sociedad. Nadie tiene más derechos que los propios padres señor Alfaro.